crónica Miercoles Santo y Jueves Santo 2008
Los sonidos también son diferentes, más silenciosos y acompasados; un silencio casi reverencial solo roto por el canto de los pájaros sobre los árboles y tejados de Oria. Los aromas y fragancias se tornan en estas fechas en olor a incienso y cera.
Toda esa amalgama de sensaciones, luces, ruidos y olores calan en el corazón de unas gentes que durante este periodo cambian su habitual semblante festivo por otro más recogido y religioso, preparando sus sentidos para lo que esta por venir.
Durante los días previos a las procesiones, los últimos ensayos de la Agrupación se suceden también de manera totalmente diferente a los del resto del año, cargados de responsabilidad, serenidad y profesionalidad acorde a los días que nos esperan. Se ultiman los preparativos a marchas casi forzadas: que si hay que acabar los trajes, que si faltan botones, que si todavía no han llegado las gorras, que si hay que conseguir un autobús…. Todo se torna en nervios ante estos últimos abatares que nos esperan hasta el...
...Miércoles Santo, día en que la cofradía del Paso blanco infantil de Albox, realiza su estación de penitencia por las calles albojenses, a la que estábamos llamados para su acompañamiento musical.
Tras dos horas de desfile por el pueblo por fin llegamos a la casa hermandad de «Los Blancos», lugar donde se realiza la recogida de los tronos. Allí, ante la satisfacción del trabajo cumplido, la hermandad, nos impuso la medalla de su cofradía y nos invito a un «refrigerio» en un trato hacia nosotros que solo puedo calificar como exquisito.
Jueves Santo:
El momento esperado durante todo el año llegaba, pero un nuevo problema aparecía a la vista. Las previsiones mas pesimistas se convertían en esa mañana en una realidad. Las tan deseadas nubes el resto del año, hacían acto de presencia en la Sierra de las Estancias, justamente en el único momento del año en que nadie las desea, en Semana Santa, y para más -INRI- por segundo año consecutivo.
- ¿Saldrán las procesiones?, ¿lloverá esta noche?...
... eran las preguntas mas repetidas durante la jornada echando al traste las ilusiones de un pueblo volcado en su Semana Mayor, la Semana Santa.
Las miradas se perdían en lo mas profundo de unas nubes negras que en lo alto ya de Oria, amenazaban cual espada de Damocles con aguar nuestros corazones con un agua dulce y amarga a la vez, dulce por la necesidad de ella que en Oria tenemos debido a las escasas precipitaciones de los últimos tiempos, amarga por el momento en el que decidió bendecir nuestra huerta y nuestras gargantas.
Rápidamente pasaba el día y las nubes y nuestras dudas no se disipaban. Al salir de misa mayor nuevamente las miradas al cielo. Estaba cubierto, pero apenas si habían caído unas gotas a lo largo del día, ¿que hacer?, ¿dejar los tronos en la iglesia muy a nuestro pesar?, o ¿jugar a una ruleta rusa macabra exponiendo el patrimonio de las cofradías a la fuerza invencible de la naturaleza?
Finalmente pudo más el deseo de salir a la calle y probar suerte.
Como siempre partimos de nuestra base de operaciones, nuestro querido Posito, en pasacalles por las calles Severo Ochoa, Rulador, Av. de Andalucía, cuesta de los Cambrones, Plaza de atrás y Paza de la Constitución llegando a la puerta de la Basílica nuestra Señora de las Mercedes de Oria.
Tocábamos para la cofradía de nuestro padre Jesús Nazareno, cerrando el cortejo del Jueves Santo detrás del trono del titular de la cofradía que da nombre a la misma.
Previamente a la procesión, se vivieron momentos de reencuentro con las gentes de nuestro pueblo que por esos abatares de la vida se vieron obligados a buscarse un futuro lejos de su tierra, pero que como cada año regresan a Oria por estas fechas para estar con los suyos y sobre todo con su Cristo y con su Virgen, por que a pesar de la distancia se llevan grabados a fuego en el corazón y así será por siempre.
Y es que en Oria se es del «Señor», bajo la advocación de nuestro padre Jesús Nazareno, o de la «Virgen», de la mano de Nuestra señora de los Dolores, y a pesar de ello y con independencia de la cofradía a la que pertenezcas, también eres de la otra, haciendo tuyo a su Señor o a su Virgen.
Los costaleros se miden, las velas se prenden, los nervios afloran, es el último momento para observar en la calma alborotada de la iglesia, los tronos que habrán de desfilar, las flores de este año, que bonitas, las novedades a estrenar, cuanto arte. De repente el golpe seco del llamador de nuestra señora de la Esperanza (la Macarena) trueca en silencio sepulcral el interior de la basílica, esto va a empezar!!!. Un segundo golpe iza el trono del suelo, los costaleros cojen el paso y el pasillo central de la iglesia en busca de la puerta. El caminar del trono produce un movimiento cadencioso del palio que cruje por el desplazamiento de modo simétrico y musical. El silencio se contagia también en la calle, la maniobra no es fácil, el palio toca en la puerta, por lo que los costaleros en maniobra ensayada han de echarse al suelo a cuatro patas, para poder sortear la puerta. Por fin sale entre aplausos y los ayes!!! por lo difícil de la maniobra.
Tras la Macarena, la Virgen de la Soledad, portada primorosamente por las mujeres de la cofradía, esta Virgen Dolorosa sostiene entre sus manos a su hijo muerto tras ser bajado de la cruz, cruz que aparece tras la virgen atravesando su manto como símbolo de lo roto de su corazón tras la crucifixión.
Tras la hermandad de la «Virgen» es el turno del «Señor», los nazarenos tornan de azul y negro a morado y blanco, indicador de que ya se aproxima a la puerta el crucificado, trono de andas llevado por costaleros encapuchados y cuyo cristo tiene los brazos articulados protagonizando en la tarde del Viernes Santo uno de los momentos mas emotivos de nuestra Semana Santa, cuando ante su pueblo es desclavado de la cruz y colocado en el Santo Sepulcro, por los Hermanos de su cofradía.
Tras el Drucificado y por ser el titular de la hermandad cierra la procesión del Jueves Santo Nuestro padre Jesús Nazareno, cristo de hermosa talla que desfila en uno de los tronos más primorosos de nuestra Semana Santa.
Tras el, nosotros, que ante el honor de poder tocar tras nuestro «Señor» ofrecemos lo mejor de nosotros mismos y de nuestras marchas, que acompañan el andar del Cristo en cada «chicota».
De momento el tiempo aguanta y la procesión se desarrolla con normalidad. Partimos de la iglesia por la calle Polaca de hay llegamos a la conocida como curva de Don Ovidio, calle estrecha y con curva en ángulo de 90 grados donde somos testigos de excepción de como la pericia de capataz y costaleros es capaz de sortear un tramo por el que a priori parece imposible que pueda pasar ningún trono.
Tras sortear este tramo llegamos a la Ermita vieja, enclave privilegiado desde el que se domina toda la vega de Oria y desde donde se atisban las luces de los pueblos más cercanos.
Dejada atrás la Ermita la procesión discurre por la calle Baja, donde sus vecinos nos obsequian con un «refrigerio» con el que aclarar nuestras gargantas. De hay al cruce de las piedras, cuesta del Cañico, y calle Calvario, hasta llegar a la Av. de Andalucía, comienzo de la carrera oficial.
Hay todo cambia, una procesión que hasta ese momento desfila de modo magno y esplendoroso se ve deslucida, cuando a la altura de la Balsa de las nogueras empiezan a caer las primeras gotas. Rápidamente las imágenes son cubiertas con plásticos para disminuir los posibles daños de la lluvia, y partimos con un paso más rápido en busca del refugio de nuestra Basílica.
El agua arrecia y cala nuestra ropa y nuestros corazones, pero no es suficiente para que abandonemos a nuestro «Señor», al contrario, ponemos mas celo si cabe y tocamos mas fuerte si se puede en desafió al aguacero y apoyo a unos costaleros que en esos momentos están al limite, luchando contra el peso y el agua, el desanimo y la frustración.
Llegados a la calle lateral de la iglesia el agua corre cual arroyo entrando ya por la parte superior de los zapatos haciendo prácticamente imposible permanecer en formación, pero nuestra determinación es clara, aguantar contra viento y marea. Situados ya en la puerta de acceso pasamos delante del trono para ubicarnos en el altar mayor y recibir desde allí las imágenes de la cofradía del «Señor».
Una vez los tronos en el interior era momento otra vez para el mejor lucimiento de los pasos. El Crucificado, cruza la nave central de la Basílica a los sones de la saeta y consuelo gitano. Paso lento y cadencioso, afloran las lágrimas y las palmas en los espectadores.
Tras el, nuestro padre Jesús, a los sones de reo de muerte y costaleros de fe, recorre por esa misma nave central, el trono es mecido de manera sublime y simétrica con el mismo cariño que es mecido un recién nacido por sus padres cuando lo quieren dormir. Izquierda, derecha, y otra vez, mas aplausos, mas lagrimas, alguien comenta «anda solo» o «que paso, como lo llevan». Poco a poco bajo el son de las marchas es llevado hasta su lugar en la iglesia. El llamador rompe el silencio por ultima vez, nuestro Padre Jesús es depositado en el suelo, todo ha terminado hasta el próximo año, ojalá haya mejor suerte.
Terminada la procesión partimos invitados por la cofradía del «Señor» hasta la cochera de Bartolomé, allí al amparo de la lumbre y un buen bocadillo contamos mil anécdotas, mil risas, nos lamentamos por la lluvia y hablamos de la procesión del próximo día. «mañana sera otro día», pero esa, es otra historia.
Andrés(Lorca)







